Olena Oblamska, una ciudadana ucraniana también conocida como Lola Ferrari, ha sido extraditada de Tailandia para enfrentar cargos federales en Oregon por su presunto papel en Forsage, una plataforma DeFi que, según los fiscales, operaba como un esquema Ponzi y piramidal de 340 millones de dólares. Se declaró inocente de conspiración para cometer fraude electrónico.
¿Qué era Forsage y cómo funcionaba?
Forsage se lanzó en 2019 y se comercializó como una plataforma de inversión descentralizada basada en contratos inteligentes. El discurso era familiar: bajo riesgo, altos rendimientos, todo impulsado por la magia de DeFi. En realidad, según los fiscales, la plataforma no tenía ninguna actividad económica subyacente genuina.
La plataforma supuestamente recaudó aproximadamente 340 millones de dólares de inversores de todo el mundo. Los fondos de los nuevos participantes se desviaron para pagar a los usuarios anteriores, la estructura de libro de texto tanto de los esquemas Ponzi como de los piramidales.
Forsage ganó particular fuerza en los mercados emergentes, donde las comunidades de marketing multinivel sirvieron como una red de distribución natural.
Los acusados y la conexión con Kevin Spacey
Oblamska no es la única persona acusada. Entre sus coacusados se encuentra Vladimir Okhotnikov, descrito como el presunto cerebro detrás de Forsage, junto con Mikhail Sergeev y Sergey Maslakov. Todos enfrentan cargos de conspiración por fraude electrónico.
Okhotnikov supuestamente resurgió el año pasado en una película protagonizada por el actor caído en desgracia Kevin Spacey.
Contexto regulatorio y lo que significa para los inversores
Forsage llamó la atención de los reguladores por primera vez mucho antes de que se materializaran estos cargos penales. El proceso penal representa una escalada desde la aplicación de la ley civil hasta el tipo de caso que puede resultar en prisión.
El caso también resalta los límites de la descentralización como escudo legal. Los operadores de Forsage comercializaron la plataforma como descentralizada y sin confianza, lo que implica que los contratos inteligentes por sí solos hacían legítima la operación. Los tribunales han demostrado repetidamente que la implementación de código en una cadena de bloques no exime a nadie de las leyes de valores o de los estatutos de fraude.
